¿Cómo se elige la pareja?

En nuestra sociedad, a la hora de elegir una pareja, nos regimos, en la gran mayoría de casos, por el enamoramiento, que permite que dos personas se fijen la una en la otra y que ello conduzca a una vinculación emocional que desemboque en la supervivencia de la especie (tener descendencia). Muchos os preguntareis por el papel del sexo en estas circunstancias. Según mi experiencia, os diré que el sexo no suele ser el elemento que genera sentimientos más firmes, sino que normalmente es la consecuencia de los mismos. Hay relaciones, eso sí, que pueden comenzar por una mera atracción sexual y que posteriormente aparezcan otros vínculos como los que comentaré a continuación.

Según los expertos, si se da una similitud (incluso en relación al físico) entre las dos personas, la probabilidad de éxito de la relación es mayor. De todas formas, según Art Aron el enamorarse está basado en encontrar a la otra persona atractiva. Pero claro, eso depende del concepto que tenga cada individuo sobre qué es ser atractivo. Este parámetro, en la mayoría de ocasiones, viene determinado por las personas que han estado cerca de nosotros en nuestros primeros años de vida y que han sido referentes importantes.

En terapia, algunas veces, pido a los pacientes que me enseñen fotos de su pareja y su familia y, en múltiples casos, se da un gran parecido entre uno de sus progenitores y su compañero sentimental. A veces, el parecido no reside en el físico sino en las actitudes y comportamientos. Además de esto, lo que de verdad suele determinar la elección de la pareja, es sentirte valorado y querido por esa persona con la que al final se desea conformar una relación. El deseo de recibir afecto y cariño primarían, por tanto, delante de otros elementos a la hora de tan importante elección.

¿Qué idea tenemos de una relación ideal?

La complejidad de las relaciones de pareja actuales

Hace siglos, las relaciones de pareja eran mucho más sencillas de lo que son ahora puesto que la idea romántica del amor se ha instalado hace pocos siglos en nuestras vidas… con lo que tiene de bonito y de complicado a la vez.

Cada día lo veo en mi consulta y en la vida de pareja de mis amigos y conocidos: se pide al otro aceptación, comprensión, complicidad, buen sexo… Se desea como compañero alguien que te apoye en los momentos difíciles, que tenga sentido del humor y que comparta un proyecto de vida. Por supuesto, que sea fiel, que permita la libertad de la pareja, que controle el mal genio y que haga feliz a la parte contraria.

Y es aquí donde nos encontramos un escollo. No podemos pretender que alguien nos haga felices. Somos nosotros los responsables de nuestra felicidad, eso sí, si somos felices por nosotros mismos, podemos compartir esa felicidad con el otro a la vez que participamos de la de nuestra pareja. Es cuando exigimos felicidad o responsabilizamos al otro de la falta de ésta cuando pueden aparecer más dificultades en nuestra relación sentimental.

Para la mayoría de personas, tener una pareja supone el mayor logro, más incluso que tener éxito en el trabajo, tener dinero o una familia. Pero es curioso como algo que se desea tanto se cuida tan poco… como, lo que en un principio te parece tan maravilloso, lo acabas detestando en el otro… Por eso, los psicólogos de pareja, además de analizar la relación de convivencia de las dos personas que nos visitan, estudiamos la personalidad, las inquietudes, los deseos de cada uno de los miembros para poder ayudarles a que su convivencia sea buena y puedan avanzar en ese proyecto que diseñaron cuando decidieron unir sus vidas.